Una manera de reconocer un mal consejo es cuando incluye las palabras “Nunca” o “Siempre”. Hay que tener mucho cuidado al leer esas dos palabras. Hay que tener mucho cuidado también de no agregar uno esas palabras a un consejo de otros, algo que sucede más seguido de lo que me gustaría. Transformar un mal consejo en uno bueno, o decente, a veces es una simple cuestión de quitar esos “Nunca” o esos “Siempre”. Veamos unos ejemplos de lo que estoy diciendo.

Mal consejo

Nunca uses miniaturas y mapas para tus encuentros de combate, eliminan la sorpresa y desaprovechan la imaginación de los jugadores.

Un consejo decente, si bien breve

Usar miniaturas puede hacerte caer en encuentros de combate demasiado maquinales.

Un consejo aún mejor

Mezcla encuentros usando miniaturas y mapas con otros combates usando “teatro de la mente”. Agregará variedad y sorpresa a tus juegos. Las miniaturas y mapas dan una cuota de impresión y producción, ayudando a los jugadores a entender su situación sin que el narrador deba relatar todo, pero los combates en el “teatro de la mente” tienden a ser más fluidos y rápidos.

En general, uno tiende a usar o a leer términos absolutos como “Nunca” o “Siempre” cuando tiene ideas muy firmemente formadas. Esto no es necesariamente malo, pero sí en los casos en que uno habla desde una experiencia que no es válida en el contexto de la conversación en curso. Por dar un ejemplo un poco burdo, los consejos inspirados por D&D no necesariamente son válidos al jugar Fiasco, porque las bases de esos juegos son completamente distintas. Para dar un ejemplo más delicado: los consejos inspirados en D&D generalmente no sirven, y son dañinos, en Dungeon World, si bien ambos juegos “se parecen”.

Mencionaba también que hay que tener cuidado con no leer un “Nunca” o un “Siempre” allí donde no están. Por el mismo fenómeno que hace que escribamos desde nuestras experiencias, también tendemos a leer desde nuestras experiencias, rechazando lo nuevo, lo desconocido. Es extremadamente fácil en esos casos pensar que alguien que dice algo nuevo está siendo más dogmático de lo que en realidad es.

Una manera de dar un buen consejo es contemplar una situación, sus alternativas, e intentar llegar a una combinación tomando los puntos positivos de cada lado. Esto muchas veces implica estudiar y pensar un rato sobre lo que se está diciendo, lo cual tampoco es malo.

En conclusión, muchas veces es provechoso callarse por un rato y pensar lo que se está por decir. Corolario: la hipérbole está sobrevalorada como recurso retórico.